"PRO URODOV Y LYUDEIY" (1998). Alekséi Balabánov.

(De monstruos y hombres (1998). Alekséi Balabánov).


Prosigo con mi andadura en el cine de este director ruso después de sabios consejos cinéfilos, que tantas emociones me está suscitando en estos últimos días.

De las cuatro que he podido ver ya, es la que más ha gustado, contando con que las anteriores me habían dejado un buen sabor de boca, a pesar de ser un cine que, a priori, no es el que suelo buscar. Si algo tiene la filmografía de Balabánov es que no te deja impasible, difícil no reaccionar a un cine con presencia constante de la violencia, un análisis histórico decadente de su país en el pasado y en el presente y un pesimismo en cuanto al género humano. Me gusta el cine que me provoca sensaciones, emociones positivas o desde las tripas, si no, qué sentido tiene.

En esta película ambientada en la sociedad zarista antes de la Revolución rusa, somos testigos del declive de la burguesía personificada en dos familias que no pueden escapar a un cruel destino de la mano de Johan, un criminal que se dedica al tráfico de fotografías pornográficas de mujeres en situaciones sadomasoquistas que vende en la clandestinidad junto a un joven y forzado fotógrafo y otro personaje sin escrúpulos.



Su irrupción en la ciudad de San Petersburgo resulta inquietante, con una mirada que trae el Mal a una ciudad bella, pero fría, con ese río helado, solitaria, casi apocalíptica, en entornos derruidos, en la que los escenarios son submundos subterráneos oscuros donde se encuentran los estudios fotográficos y los palacios de la alta sociedad, impersonales y vacíos de alma. Un ambiente idóneo para que su corrupción y una incipiente industria alrededor de la pornografía introduzca sus tentáculos en sus vidas, ayudados por las doncellas del servicio.


La demanda de emociones, del morbo hacia lo prohibido se une a los avances científicos de la Modernidad y el interés de personas que ven un filón creando negocios turbios y productivos al margen de la moralidad impuesta, que se lucran por el impulso voyeur del ser humano. Toda una industria que tuvo su inicio con la fotografía y que pronto asistiría a los albores del cinematógrafo, al que, según la ética de cada persona, le vieron un objetivo y potencial distintos para la comercialización de esta industria paralela. Desde luego, toda una declaración de intenciones de Balavánov sobre la industria del cine y las distintas vertientes que ha tenido.



Sordidez, perversión, corrupción, esclavitud, humillación, inocencia y falta de escrúpulos son elementos que orbitan en este relato negro, pesimista, en el que no hay ni un atisbo de esperanza, que va recrudeciéndose con el avance del metraje, lentamente, con una tensión que percibes de forma magnética, con precisión de cirujano, apoyada en miradas con premeditación, lascivas, que planean lo maquiavélico y que encuentran en la indolencia de la burguesía y la ingenuidad de la infancia un agujero negro sin marcha atrás.


Depravación y deformación moral del ser humano que no está reñida con una puesta en escena virtuosa, como hacía tiempo que no me deleitaba de un placer visual así. Amarga y bella lírica a la vez sustentada por una fotografía en sepia que emula perfectamente a la de los principios del s. XX, en el que cada encuadre se encarga de recordárnoslo. Así como un homenaje al cine silente con esos intertítulos añadidos a los diálogos que le confieren una especial narración.

Escenas potentes con elementos que se repiten como los trenes de vapor que simbolizan la fuga en ese enclaustramiento de los niños y mujeres, las barcas que emponzoñan con su humo la ciudad y que esparcen un terror exponencial. A destacar la pedida de mano, que más bien se presenta como un funeral en esa embarcación y esos planos hipnóticos o aquéllos en los que la magistral pieza de Prokófiev sublima la encarnación de la calamidad y lo miserable y lo que está por venir.



La aparente "monstruosidad" de esos gemelos siameses unidos por la cadera nada tiene que ver con la de esas cloacas de la sociedad que no dudan en explotarlos ante la pasividad de la clase alta y que asisten a proyecciones secretas de menores desnudas y azotadas sin el menor escándalo.



Y un final nada alentador con el personaje principal subido en una placa de hielo en un plano general en una ciudad en la que seguro encontrará otros seres incautos a los que dinamitar y la chica joven a la que han le han cambiado su concepto del sexo para siempre.





El presente texto es una publicación de Estrella Millán Sanjuán Profesora de Secundaria y una cinéfila muy cultivada que se ha ofrecido a colaborar con Cine Clásico Siglo XX . Miembro especialista del Grupo privado de Facebook Grupo Cine Clásico Siglo XX , administradora del grupo también de Facebook CINEFILMIA AulaDcine y editora de un interesante blog publicado por el IES SALINAS DE SAN FERNANDO (Cádiz), titulado AulaDcine

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