Interprete

James Stewart

James Stewart (1908-1997). Uno de los actores mas queridos por el gran público, James Stewart encarnó Ios valores profundos de América. Hijo de una modesta familia de Indiana, Pensilvania, donde poseían una tienda, nació el 20 de mayo de 1908. Stewart estudiaba Arquitectura en Princeton cuando su compañero Joshua Logan -futuro director de Picnic, Bus stop o La leyenda de la ciudad sin nombre- le convenció para dejar colgados los libros enrolarse en el recien fundado grupo de teatro de la Universidad de Massachusetts. Allí conoció a uno de sus mejores amigos, Henry Fonda, a Margaret Sullavan y a otros jóvenes actores que con el tiempo llegarían a ser estrellas cinematográficas.

Con una gran experiencia teatral a sus espaldas, Stewart llega a Hollywood en 1935, y durante tres años interpreta discretos papeles secundarios en producciones de la Metro-Goldwyn-Mayer y Universal. En 1938 se produce un encuentro fundamental en su carrera: Frank Capra le dirige en Vive como quieras, en la que ya figura como tercer interprete, por detrás de Jean Arthur y Lionel Barrymore. Capra descubre en su apagado tono de voz y en sus modales extremadamente tímidos y educados la perfecta encarnación del estadounidense medio, íntegro e idealista, que tan bien describirá en Caballero sin espada, que le valió su primera candidatura al Oscar. Arizona, El bazar de las sorpresas, The mortal storm e Historias de Filadelfia (su única estatuilla de los premios de la Academia del Cine de Hollywood) le convierten en estrella antes de que se aliste en las fuerzas aéreas de la Armada. Como ejemplo de su carácter, fue la primera estrella de Hollywood que se alistó en el Ejército y la que mas alta graduación obtuvo (si no contamos a Ronald Reagan que, como presidente, también fue comandante en jefe).

De regreso de la contienda protagoniza el clasico de clasicos navideños: ¡Que bello es vivir, de nuevo a las órdenes de Capra. Es una pelicula que refleja a la perfección las secuelas que la guerra dejó en toda una generación, y para el fue su tercera selección a los Oscar. Inmediatamente recupera el ritmo cinematográfico con Yo creo en ti, La soga, Flecha rota y El invisible Hanvey (cuarta candidatura a los Oscar). En 1952 se convirtió en el primer gran actor de la era del cine sonoro en firmar un acuerdo con un estudio de Hollywood (en su caso, Universal) en el que cobraba en porcentaje a la taquilla de sus largometrajes.Durante los años cincuenta Stewart se especializa, casi siempre de la mano de Anthony Mann, en el western con Winchester 73, Horizontes lejanos, Colorado Jim, Tierras lejanas o El hombre de Laramie, a pesar de que lejos del genero protagoniza, entre otros, títulos como El mayor espectáculo del mundo, Bahia negra, La ventana indiscreta, Musica y lágrimas, El hombre que sabía demasiado, El héroe solitario, De entre los muertos y Anatomía de un asesinato (su ultima selección a la estatuilla de Hollywood). Los sesenta son, sin embargo, una decada ciertamente menos inspirada -salvo honrosas excepciones- en la que sobresalen sus trabajos con John Ford: Dos cabalgan juntos, El hombre que mató a Liberty Valance y El gran combate, y en los setenta esta ya en plena decadencia, trabajando casi siempre en películas indignas, como Aeropuerto 77.Sólo sobresale El último pistolero, ya en 1976. En esa década presenta su propio programa televisivo -The Jimmy Stewart Show (1971-1972)-, hace apariciones esporádicas en diversos magacines televisivos y publica un libro de poemas que fue un autentico best seller.
En 1984 recibió un Oscar honorífico “por cincuenta años de inolvidables interpretaciones y por sus altos ideales, dentro y fuera dela pantalla, con el respeto y afecto de sus companeros',' refrendado por una emocionante ovación de diez minutos.
Falleció el 2 de julio de 1997, un día despues que Robert Mitchum, en Los Angeles a consecuencia de una embolia pulmonar. A su funeral acudieron más de 3.000 personalidades de Hollywood.

Capra descubre en su apagado tono de voz y en sus modales extremadamente tímidos y educados la perfecta encarnación del estadounidense medio